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viernes, 12 de noviembre de 2010

LA NARCOPOLICÍA DE FERNANDO LUGO



Decía Bertold Brecht que cuando el delito se multiplica, ya nadie quiere verlo. Tal vez ello explique lo poco que asombra cuando se descubre que la policía de un gobierno ejercido por un cura se encuentra plagada de narcotraficantes. Nuevamente un jefe policial de alto rango dentro de la jerarquía promocionada por el gobierno del cura Fernando Lugo, apareció esta semana involucrado hasta la coronilla con el narcotráfico.
Se trata del comisario principal Alcides Benítez Alvarenga, de 40 años, quien actualmente se desempeñaba como jefe de la comisaría 2ª de Acahay, departamento de Paraguarí. El comisario Alcides Benítez Alvarenga fue reconocido por el agente especial Reinaldo Urizar como la persona que le disparó y le hirió durante la balacera.

Según la Senad, el jefe policial escapó en medio de la confusión generada durante el tiroteo, tras abordar una camioneta Mitsubishi Montero roja. Se cree también que se llevó un maletín cargado con cocaína.

Tras el incidente ocurrido en Bella Vista, Itapúa, que dejó un saldo de 2 muertos,3 heridos y 3 detenidos se ordenó el trasladado del efectivo que participó del enfrentamiento que ocurrió ayer alrededor de las 16:00 sobre la ruta nacional Nº 6 a la altura de Bella Vista, frente mismo al conocido hotel Papillón, donde se debía realizar la operación encubierta.

En esta versión paraguaya de la matanza de San Valentín, perdió la vida el agente especial, Silverio Ramón Vázquez Peña, quien acusó tres impactos de bala a la altura del tórax y corazón. El mismo fue derivado de urgencia al centro de salud de Bella Vista, donde se constató su deceso. Otros dos agentes de la Senad también resultaron con heridas leves, uno de ellos el jefe de la oficina regional Daniel Urizar, jefe regional de la Senad, quien recibió un impacto de bala en el brazo.

Los efectivos de la Senad realizaban un procedimiento frente al hotel Papillon de Bella Vista, Itapúa, cuando un grupo de cuatro presuntos narcotraficantes comenzaron el enfrentamiento con los efectivos policiales.

Los maleantes se encontraban en un automóvil color blanco, cuando el rodado bajó uno de los sospechosos, quien dsparó contra cuatro agentes de la Senad que se encontraban en otro automóvil. Alli aconteció un enfrentamiento, de los cuales falleció uno de los delincuentes dentro del auto y dos de sus cómplices resultaron heridos, mientras que el cuarto escapó.

Narco policías, una constante
Ya a mediados del año pasado, el escándalo saplpicó a la cúlpula policial del gobierno de Lugo cuando una explosión sacudió la vivienda del comisario de la policía paraguaya Edgar Salcedo, y a causa del estallido fallecieron sus hijas Larisa Magalí (16) y Gianina (19). La madre de ambas jóvenes, Norma Pastor de Salcedo, fue llevada al Hospital del Quemado, donde tras permanecer en la sala de terapia intensiva algunas horas, también falleció.

Una opinión versada en el tema advirtió a través de los medios locales que para la explosión pudo utilizarse peróxido de acetona (TATP, por sus siglas en inglés) un explosivo muy utilizado por narcos y suicidas en Medio Oriente, conocido también con el nombre de Mother of Satan (Madre de Satán) debido a su alto poder destructivo, y por no dejar rastros visibles. La acetona es un producto que los narcotraficantes manipulan con frecuencia, y un episodio vinculado al tráfico de drogas había sido el preludio de la tragedia.

El comisario Salcedo y su hermano, el también comisario Ramón Salcedo, participaron activamente en la detección y el decomiso de un cargamento de cocaína proveniente de Bolivia, en el Chaco, en los días previos.

La operación se realizó al margen de la Secretaría Nacional Antidrogas, cuyos puestos de vigilancia sospechosamente no detectaron un camión que transportaba un voluminoso cargamento de más de 200 kilos de cocaína.

Aparentemente, el comisario Édgar Salcedo tuvo participación en la denuncia del cargamento, dado que su presencia en el operativo no correspondía por motivos jurisdiccionales, y su destino natural era Pedro Juan Caballero, distrito de Paraguay siempre vinculado con el narcotráfico. Sí era el área de jurisdicción de su hermano Ramón, asentado en el Chaco.

La historia creció en dramatismo cuando la abogada Teresa Escobar denunció amenazas telefónicas el sábado, ante una comisaría de su localidad, según informaron los medios esta semana. La denunciante era la esposa de Ramón Salcedo, hermano de Edgar Salcedo y también policía.

Según la denuncia, un hombre que se identificó "como un comisario fuera de servicio", le indicó que habían decomisado una carga que no debían (10 kilos de cocaína en el Chaco), y que lo pagarían con sus vidas, de acuerdo a la versión fiscal.

Posteriormente trascendió que la amenaza provino del mismo hermano del comandante de la Policía Nacional, Viviano Machado, Vidal Machado. Para mayor escándalo, la llamada fue realizada desde una línea perteneciente al mismo comandante de la policía, un hombre considerado como ficha política del actual gobierno encabezado por el clérigo-presidente Fernando Lugo.

De acuerdo a la denuncia, el hermano del comandante llamó desde el celular corporativo de la Policía Nacional, destinado al comandante, para recriminar a Salcedo que su personal estaba negociando con un cargamento de cocaína incautado.

Viviano Machado confirmó posteriormente que su hermano, Vidal Machado, fue el que realizó la llamada al comisario Salcedo, aunque negó las amenazas.

La policía ignoró todas las denuncias, algo comprensible en Paraguay cuando afecta al hermano de un alto jefe uniformado, y hombre de confianza del actual gobierno. El resultado fue una tragedia que costó la vida a las dos hijas y la esposa del comisario.

Episodios de este género no son nuevos en Paraguay, donde por lo general oficiales de la policía y el ejército, con la SENAD, la DINAR y la DEA norteamericana, coordinan sus tajadas con lo incautado.

De narcotraficante a presidente
No puede esperarse que episodios de esta índole escandalicen en Paraguay, donde no es difícil para un narco llegar a presidente. Lo ha demostrado el general Andrés Rodríguez, a cuya sombra “democrática” crecieron la mayoría de los políticos del partido que llevó a Fernando Lugo al poder. Hagamos algo de memoria.

Desde 1965 pasaba por este país Sudamericano un vital tráfico de heroína que cobró notoriedad cuando en Washington se supo quién lo dirigía. Era el antiguo agente de la GESTAPO Lucien Darguelles, alias Auguste Ricord, capo de la Conexión Latina que inspiró el personaje compuesto por el actor Fernando Rey en la celebrada película “Contacto en Francia”.

Uno de sus principales protectores era el general Andrés Rodríguez, emparentado con el dictador Stroessner y bautizado por la prensa internacional como “el general de los grifos de oro”. Se cuenta en Paraguay la anécdota de que cuando en una oportunidad el rey Juan Carlos de España visitó su residencia, se sintió impresionado por la fastuosidad y no resistió preguntarle si todas las riquezas a la vista las había adquirido con su sueldo de general.

Su protegido Auguste Ricord tenía su residencia y un motel en las afueras de Asunción, camino a Itá Enramada. Al frente lucía una pequeña réplica de la torre Eiffel con el cartel Paris-Nizza en luces de neón, y se conectaba con un pequeño puerto donde atracaban lanchas y una balsa con servicio regular a la costa argentina, a escasos cinco minutos de travesía por una ruta asfaltada. Parte del cargamento llegaba por ese cruce, a veces disimulado en automóviles Citroen usados importados desde Francia a Paraguay, para embarcarse rumbo a Estados Unidos en cargueros aéreos que partían de pistas controladas por jerarcas del régimen militar paraguayo como Rodríguez.

El negocio prosperaba sin sobresaltos hasta que el 18 de octubre de 1970 un Cessna monomotor fue detenido con casi cincuenta kilos de heroína pura en el aeropuerto internacional de Miami. El cargamento estaba evaluado en unos diez millones de dólares y los tripulantes eran Roberto Gallucci, alias César Bianchi, y el copiloto Balestra, ambos operadores de la red que dirigía Ricord bajo protección de Rodríguez.

El juez John Canella, a cargo del caso, solicitó la extradición de Ricord, quien a pesar de sus influencias fue a parar a la cárcel como privilegiado huésped a la espera que se aquieten las aguas.

La situación iría a complicarse cuando el 24 de mayo de 1972 el influyente columnista del Washington Post Jack Anderson denunció la complicidad del régimen paraguayo con el narcotráfico dirigido por Ricord, en una columna reproducida en 600 periódicos de todo el mundo. Anderson acusaba a varios jerarcas paraguayos con nombre y apellido, entre ellos Pastor Coronel, Andrés Rodríguez, Patricio Colmán, Sabino Augusto Montanaro, Francisco Alcibíades Brítez Borges, Leodegar Cabello, Hugo González y Vicente Quiñónez, la mayoría generales y altos funcionarios en servicio activo.

Una versión documentada de la nota fue publicada por la famosa revista Selecciones de Readers Digest, pero la edición fue prohibida y confiscada cuando llegó a Paraguay, un hecho muy recordado por la opinión pública que vivió la época.

Como el régimen de Stroessner seguía a pesar del escándalo protegiendo a Ricord y dilatando su extradición, Nixon envió como delegado al funcionario Nelson Gross quien se entrevistó con el dictador para solicitar en nombre de Washington por instrucción directa del presidente la extradición de Ricord. Dejó en claro que de no producirse de inmediato la resolución, el Paraguay dejaría de recibir asistencia económica y militar del imperio norteamericano.

Era suficiente argumento para convencer a Stroessner. Inmediatamente se dio instrucciones al presidente de la corte Suprema Juan Félix Morales para que disponga lo que requería el funcionario de Nixon. Pocos días después el Tribunal de Apelaciones revocó el auto interlocutorio de primera instancia y dio vía libre a la extradición.

Ricord fue literalmente fletado a Nueva York en un vuelo especial contratado por el gobierno de Estados Unidos. El juez Canella lo estaba esperando con todas las pruebas en la mano para condenarlo a veinte años de cárcel, lo cual considerando la edad del procesado equivalía a cadena perpetua. Por razones humanitarias se lo liberó a los diez años, gravemente enfermo, paralítico y sin habla.

Ricord volvió al Paraguay el 10 de marzo de 1983 y fue a recluirse en una vivienda no muy alejada del local donde funcionó su motel Paris Niza. Dos años después falleció.

Andrés Rodríguez, el socio principal de Ricord, en 1989 llegaría a la presidencia del Paraguay con el golpe que hoy se recuerda. Tras recibir honores de jefe de estado por todo el mundo, falleció a mediados de los noventa. En el entierro de sus restos, muchos de los políticos que constituyeron el entorno del obispo Fernando Lugo, entre Miguel Abdón Saguier,y Carlos Filizzola, pronunciaron elogiosos discursos y lo tildaron de patriota y ciudadano ejemplar.

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